Continuamente conocemos a
gente nueva. Algunos, solo están de paso, otros pasan para quedarse.
Cuando conocí a Buru hace poco más de dos años, sabía que quería
que él fuera de estos últimos.
No solo compartimos
trabajo, también el amor por la montaña. Y es que en eso, él es
todo un veterano. Antes de que estuviera de moda correr en la
montaña, él conocía muchas de las cumbres a las que ahora vamos
con dorsal. Me encanta cuando nos ponemos la mochila y la llenamos de
kms sin prisas, de esos que dejan con ganas de más.
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Retrato robot de Buru |
En otros países muchos
picos están coronados por bellos carteles que él no ha dudado en
plantar a los largo de nuestra geografía. Ya hay muchos, pero espero
que sean más, porque no solo son trozos de madera con un nombre y
una altimetría, son obras de un artesano, que trata de despertar en
los demás el mismo amor y respeto que él siente por la montaña.

Si queréis conocer más
sobre su manera de ver el monte y la vida, no dejéis de echar un
vistazo a este enlace:
Y si vais a la montaña,
mirad a vuestro alrededor porque a lo mejor encontráis madera y
viento de las manos de Buru.
Gracias por tu amistad
niño, me arrancas una sonrisa todos los días